Ser otro

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Morado le dice a rojo que el coraje no es malo.

Amarillo quiere convencer a negro, de que la tristeza puede diluirse con un poco de blanco.

Verde quiere convertirse en azul, porque piensa que así puede gustar más.

Naranja está cansado de llamar la atención y de vez en cuando se disfraza de gris, para pasar desapercibido.

Rosa desea ser menos ingenuo e intenta adoptar el escepticismo  de café.

Siempre el anhelo de ser diferente a lo que se es, cada quien en su papel, en sus ganas de  tener la razón, en la insistencia de no ceder a la disolución.

Atazagorafobia

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diario1Llevo una agenda porque me aterra olvidar: olvidar los días, no saber qué hice el once de mayo del año pasado o qué hice en mi veinteavo cumpleaños. Las agendas generalmente se usan para planear el futuro, yo la uso para controlar mi pasado, para controlar mis recuerdos. Empecé con esta costumbre cuando me di cuenta de la velocidad con que pasaba el tiempo. Ahora me resulta imposible frenar el impulso de escribir qué aconteció específicamente en cada día, lo intento pero algo muy dentro de mí me dice que no lo deje de hacer: obsesión-compulsión, al fin y al cabo: la eterna repetición maltrecha de mi personalidad. Hay días en los que olvido escribir y cuando regreso a la tarea, me angustio si no recuerdo los detalles. Aunque creo que hay veces donde es mejor guardarse las cosas para uno mismo, no dejar evidencias que cualquiera, en cualquier momento pueda leer. Olvida que leíste esto.

Un pasillo estrecho

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reflejosFrente a mí hay un espejo, atrás otro y a los lados también. Me rodea un mundo de espejos.

Quiero escapar de verme en tantas partes y ser nada.

Los reflejos hieren, son tantos y todos me reprochan algo: Son retratos exactos de lo que he dejado de lado, de lo que quise hacer y nunca llevé a cabo, de mis múltiples “yo” puestos en espera por la incapacidad de planear mi futuro. El futuro, mi futuro es tan incierto, coloreo las posibilidades pero al intentar acoplarlas a mi mundo, sólo quedan  jirones que se van deshaciendo con la realidad.

Tantos miedos y un pasillo tan estrecho…

Maraña

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No se conocía, su mente estaba poblada por vacíos, incongruencias y misterios. Pensó que si se desarmaba la cabeza podría dar razón de sí y de sus actos. Primero se despojó del rostro, fue una operación complicada pues su inexpresiva cara lo habitaba como un pequeño pueblo en penumbras.

Pensó que desarmándose la cabeza lograría sentirse mejor. Dejó caer en la mesa un revoltijo de cables: sus pensamientos y sentimientos se desbordaron sobre el periódico. De la nada todo fue tornándose borroso, todo fue peor. Intentó darle forma a esa maraña, desenredarla, hacer trenzas con ella. No  sabía qué hacer con tanto. Hasta que dentro de toda esa bola de cables encontró algo invaluable, la pieza que le ayudaría a cambiar todo, a darle orden a ese revoltijo: su voluntad.

Tu primera vez

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primera vezNo, no es esa primera vez que te estás imaginando. Es ese primer momento en que descubres una potencialidad en ti:  Tu primera respiración forzada con su llanto consecuente -qué frío hace aquí, ¿cómo regreso?- no hay retorno. Tu primer alimento.  La primera vez que te sentaste -tómale una foto antes de que se vaya de lado- y te fuiste de espaldas. Tu primera palabra -“mamá” o “papá”- sí, tan trillado es. Tus primeros pasos. Tu primer cumpleaños -sóplale al pastel- y en lugar de apagar la vela, sólo se te escurrió un fino hilo de baba. La primera vez que perdiste un diente -ponlo debajo de la almohada para que el ratón te traiga dinero- y te quedaste toda la noche vigilando. La primera vez que partiste un limón -se toma de los dos extremos con el dedo índice y pulgar y cortas en el centro- y  te sentiste grande. La primera vez que rompiste un huevo -pequeños pedazos de cascarón astillando el sartén- y a la hora de masticarlo se escuchó un crujido. La primera vez que dijiste una mentira -no, no te creció la nariz- y tuviste que recordar bien lo que habías dicho. La primera vez que te enamoraste -todo es tan perfecto- y el mundo se detenía. La primera vez que te partieron el corazón -¿cómo puede doler tanto?- y sentiste que ya nada valía la pena. Y así, infinidad de primeras veces.

Los inicios pueden parecerte aterradores, algunos lo son, otros pasan de largo sin que te des cuenta. Pero seguramente el inicio que nunca pasarás por alto es cuando un nuevo año comienza y haces lo que siempre has hecho pero por primera vez: la primera foto del año,  el primer café, el primer baño, el primer día de clases; infinidad de primeras veces una vez más, con cada año, siempre tan lo mismo pero siempre tan distinto. La primera vez para retar de nueva cuenta a tu voluntad, que gradualmente se va diluyendo con el paso del calendario o quizá no. Tal vez esta primera vez podrá ser diferente…

Los números de 2014

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.600 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 43 viajes para llevar tantas personas.

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